Fetiche por las máscaras

Fetiche por las máscaras

El placer de usar máscaras durante los partidos en el dormitorio no es una invención contemporánea. Tal costumbre era frecuente y muy apreciada (en muchos otros rituales) desde la antigüedad.

Ocultar la identidad, disfrazarse, el misterio y todas esas quimeras enigmáticas desencadenadas con cubrirse la cara alimentan el poder de las desinhibiciones y tienen el don de traer a la "atmósfera" un suspenso intrigante, que el mundo necesita a veces, incluso si el motivo por el que lo hace es limitado al mero deseo de alternar lo "tradicional" con lo incitante inédito.

A diferencia de las personas que las utilizan de vez en cuando como condimento exótico (cuando hacen el amor), los que tienen más que una curiosidad pasajera sobre los símbolos del anonimato sienten su necesidad cada vez que quieren alcanzar al orgasmo elevador.

Ya sea que utilizan máscaras frívolas (sólo para los ojos, del tipo de las máscaras venecianas), ya sea que recurren a los sofisticados modelos fantasmagóricos (para toda la cara, que encarnan personajes conocidos o irreales), ya sea que se contentan con usar las dedicadas a diferentes campos (máscaras de gas, de esquí, de buceo), adaptándolas a la decoración, al ambiente y a la "escena" a la que tienden, la gente siente la necesidad de esconderse para poder ser un mismo, para actuar con libertad y un "camuflaje" de este tipo puede crear, paradójicamente, las premisas de las autenticidad. De ahí cierta dependencia de algunos con respecto al sentimiento de seguridad, inducido por la acción de ocultar la parte más representativa de su cuerpo: la cara.

En el mismo sentido, de la comodidad ofrecida por la idea de incógnito, se definen tipológicamente los que prefieren no ser vistos cuando se exteriorizan a través de diversas formas, de las cuales, tal vez en otras circunstancias, estarían ligeramente avergonzados...

No son pocos los que, a su turno, se sienten mejor cuando no pueden ver las reacciones de su pareja, dándole mentalmente unas completamente diferentes fisonomía o expresiones mímicas, en relación con el momento que viven.

En consecuencia, si bien, a primera vista, puede ser tomar como objeto que dificulta y bloquea la comunicación, la máscara es, en realidad, un buen catalizador para aquellos que están aprendiendo a identificarla como tal.

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